sábado, 5 de septiembre de 2015

Epístola a punta de pistola primera.

     Queridísima y estimada esperanza:



     Pero no Aguirre. Más bien esta epístola epitáfica va dirigida a la esperanza de que algún día el mundo recobre la cordura que nunca ha tenido. Y sin entrar en obtusos debates, pedirle al alienado que entienda su alienación, a veces es tan difícil como hacerle entender a la gacela, que tiene que morir para el león pueda vivir. Pero nosotres, citando a Byron, "oh, mi yo, oh mi cruel existencia", somos gacelas adorando leones.



     Hoy, esperanza, venga hablarte del reparto equitativo de la riqueza. Sí, buen chiste ese. Las cifras, hoy, son las que son. Todavía sigo calculando si serán más los millones de parades y sobrexplotades laboralmente a manos del capitalismo, que millones crece la inversión de la banca privada en bolsa. Quizá, en la próxima carta, pueda desvelarte esto, querida. Sin embargo, hablar de como en torno al noventa por ciento de la riqueza mundial se concentra en diez familias es solo un dato, y los datos son parte del sistema. Eso sí, yo soy de números por mucho que escriba cartas, y me gustan las estadísticas. Y estadísticamente, la culpa de las grandes injusticias no es ni de la corrupción, ni del pago fraudulento de comisiones, ni de los coches oficiales, si no del capitalismo. Bueno, quizá sea más consecuente y acertado decir que es culpa de como algunos han aplicado el capitalismo, el cual, ya injusto a mi humilde opinión, han convertido en una especie de jolgorio nacido entre las riquezas de papá y las tetas de mamá. En eso se resume este capitalismo cuñadista, superficialidad y ambición malsana. Parece el principio de un largometraje de Tarantino. Pero no, amiga mía, no. Dura realidad. Una vez leí que "la diferencia entre un estado socialista y uno capitalista, es que el socialista promueve la cultura y el capitalista, la delgadez". Aún a riesgo de que alguien me llame estalinista o etarra, voy a hablar de las empresas que más dinero ganan en mi país, cifras contrastadas por un organismo probablemente anarco-chavista-castrista como el centro nacional de estadística. Seguro que Inditex te suena. Esta broma del capitalismo me encanta, lo de que empezaron de cero. Me pido empezar de cero con la fortuna de papá para mi próxima vida y perpetuarla explotando niñes tailandeses a 186€ al mes en jornadas de diez horas. Dicho esto, Inditex crece (desde cero, cuidado, desde cero), como crece exponencialmente la inversión en cosméticos en España. Estoy un poco cansado de ver mujeres anunciando detergente. Esto último es otro debate, pero es acojonante como nos tratan de vender una igualdad inexistente con negocios denigrantes como la pasarela Cibeles o el sexismo patrocinado por Telecirco. ¿Superficialidad? ¿Dónde? Pero tú tranquila, no me enfado, que luego me llaman terrorista. Aunque es curioso eso de terrorista, porque por definición, terrorista es el que crea terror, y no estoy en disposición de crear terror a nadie, al menos no como quienes amenazan a ancianes con elegir entre tomar su medicación y pagar el alquiler social. En fin, otro debate pendiente.

     Dicho esto, la siguiente broma viene sobre el enriquecimiento lícito en el capitalismo. El club de la comedia se ha perdido un gran monologuista conmigo. Por supuesto, y antes de que me salte encima alguien diciendo que quiero arrojar a los homosexuales de la Giralda, el enriquecimiento lícito no es malo. Pero es imposible que se de en el capitalismo. Es imposible enriquecerse de forma justa cuando tu dinero se genera a partir de comprar la fuerza de trabajo de otros. Usar a las personas como medios productivos, mecanizar y explotar a personas a costa de tu propio beneficio es irrebatiblemente injusto. Que habrá quien diga, "Joder, es que a mi, mi cuñado Paco me ha dicho que en el capitalismo asciendes de forma justa y gracias a lo que tú trabajes. Además, los trabajadores también llegarán a estar algún día dónde está el jefe". Es decir, que te venden que todos pueden ser ricos en democracia, y que el dinero te lo van a traer los cien millones de muertes de la URRS montados en unicornio. Tú cuñado Paco está equivocado, porque se generan cadenas de amiguismo que evitan ese proceso, haciendo que nadie puede empezar de cero y perpetuando un sistema de clases donde la oligarquía controla el poder sobre los medios de producción e impidiendo a nadie saltar esa brecha. Y si algún afortunade lo consigue, consolida una fuerte adicción al dinero que, y según afirman los últimos estudios de Harvard, conforman un traje a medida en su reflejo para hacerle olvidar de donde viene a golpe de corbata. Y así se crea una red de clientelismo del dinero sobre el dinero donde siempre ganan la banca.

     El gran problema de esto es, sencillamente, que para que existan ricos, tiene que haber pobres. Y la pobreza estructural es la otra cara de la moneda de los yates y las prostitutas de la cubierta. Lamentablemente, esperanza, aquí dónde vivo yo "no queremos sus limosnas, ni sus lujos, ni su falsa paz".

     Por hoy acabo, espero no haberte arrebatado mucho tiempo con esta pequeña carta.
Sólo una cosa más.





"El corazón en un puño, y ese puño bien alzado".




     Gracias por tu atención.


     Atentamente, al que has atendido.

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