Bajo los dulces versos de la guitarra de un don nadie que alguna vez fue alguien, los cabellos de punta y un dulce ronroneo debajo del pecho. Stairway to heaven. Hoy no estoy bien, Page. Hoy tu voz duele. Eres la voz del alma que fui antes de nacer, ¿verdad? Dime, tú que has vivido tantas veces. ¿Duele siempre que nadie te eche de menos? La herida lleva sangrando tanto tiempo que ya no recuerdo cuándo me caí.
Si alguien puede, que me jure por su dios que esto acaba. Que algún día, alguien en algún lugar de algún universo te dice: te entiendo, y sientes que es verdad. Que a alguien le tiemblan las piernas como a ti. Este párrafo es para todos los alguien que somos nadie, aunque siempre creo que nadie es alguien como yo. Y sin embargo, yo, sempiterno extraño, acabé haciendo lo que todos hacen.
Page, Marina, Frido, pesáis mucho. ¿De veras no hay nadie que sienta que carga con el peso de tantos errores que nunca cometió? Yo tan sólo quiere volver a sollozar con el último capítulo de Digimon, sólo quiero volver a suplicar que el verano no acabe. ¿Quién soy ahora? Soy el lunes que quiso ser sábado de resaca. Soy el cielo que quiso bajar, tan sólo un poco más bajo... Soy la niebla.
Soy el raro, no el guapo. En el que nadie se fija hasta que alza la voz, a veces ni eso. A veces alzo la voz tanto que siento como resquebrajan las cuerdas vocales centímetro a centímetro, y yacen rotas en los pulmones cada vez que necesito gritar. Otras hablo tan bajo que sólo nadie puede escucharme.
Antes de morir ayer, recordé que alguien me entendió una vez. Alguien a quién siempre veía bajo la luz de los versos de algún loco revolucionario. Y fui alguien hasta convertirme en nadie. Y, cuando ya no era nadie, alguien dejó de entenderme. La cabeza dolía mucho. En mi cabeza hablaban muchas vidas a la vez. Pero no las mías. Te echo de menos, alguien. Y cada día soy más nadie y tú más alguien para alguien. Ojalá tú sí, yo, en el fondo, siempre he sabido que no.
Y a pesar de que tan sólo puedo ser el espejo de los que buscan segundas oportunidades, ¿dónde está la mía? No hay, porque yo nací de la unión accidental de las sonrisas dibujadas en los maniquíes y las lágrimas del niño que se cae de la bici y no tiene a nadie que le ayude a levantarse. Yo no tengo segunda oportunidad porque sólo soy a través de las suyas. Entonces, ¿quién soy?
Soy la segunda oportunidad de una princesa que se casó con su príncipe del baile, sin saber de los golpes, las borracheras, los llantos.
Soy la segunda oportunidad de la anciana con dolores de tobillos y rodillas que ducha a su marido con Parkinson.
Soy la segunda oportunidad del drogadicto que se pone camisas de manga larga en verano para no defraudar a su madre.
Soy la segunda oportunidad del pequeño que no puede dormir por los gritos en la habitación contigua.
Soy el estómago que se cierra y al que le preguntan que por qué está tan delgado.
Soy el intervalo entre noviembre y diciembre en Finlandia.
Soy el grito de auxilio que nadie ha escuchado todavía.
Soy el que escribe a oscuras y a solas de día.
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