Seduce
el sufrimiento hasta el punto nulo de llorar por saciar la necesidad
de sentir dolor. Seduce como caricias manchadas de alcohol en un
cuerpo conformado por pequeñas heridas en cada poro de la piel. El
portador de la carne, sin más, se deja acariciar hasta que arde la
sangre y el alma.
¿Por qué lloramos? Saciedad. Liberación. Quizá ambas. Quizá el grito es el túnel de salida de las penurias del corazón. Y, sin embargo, ¿qué es de aquellos acostumbrados a ver a sus lágrimas retenidas en la laringe? Los que nos acostumbramos a sufrir, no lloramos, ya no nos hace falta. O sí. Porque hoy he llorado. He llorado por ti, pero sobretodo por mi, por todas esas pequeñas gotas de pasión que vivieron mis noches abrazado a un peluche. Mi amigo. Quizás el único. El único que me entiende, porque es el único que ha sufrido mi caos, mi mente nublada por el esperpéntico camino de rosas espinadas y migas de pan.
Hoy no, Pulgarcito.
Es hipócrita vivir mi vida, cuando lo único que quieres es dormir. Es hipócrita ser yo, cuando sólo quieres ser otro. ¿No lo entendéis? No hace falta que nadie me golpee. Es mucho más duro que nadie te quiera querer como a veces necesitas que te quieran. El caso es que hoy lloro por alguien más, y sin embargo, no se quién es, porque ya no soy el del espejo.
¿Dónde estás, niño? ¿Dónde estás? ¿Qué fue de tus tardes en blanco, sin más, siendo? Te echo de menos. Me echo de menos y se que no puedo recuperarme. Porque el camino no está. Ahora, esto soy yo. Un pianista que compone mejor solo. Un ente vagando por, ¿qué más da qué cordillera? Esto es en lo que vosotros, furcias, me habéis convertido.
Oh, ahora no os escondáis. Me conocéis. Vosotros que sólo abandonabais mis ojos debajo de la almohada. Sí, aquí me tenéis, un cobarde vestido de valiente, un sádico disfrazado de sensato. Uno más… Creyéndose alguien, quizás, necesario. Y al final… Sólo somos las lágrimas que nunca dejamos caer, ¿verdad?
Enseñadme el túnel de salida. Por favor. Hoy necesito salir de aquí. Maldita luz, ¿dónde estás cuando te necesito? ¿Dónde están las musas cuándo dejo de escribir al dolor? ¿Os gusta verme sufrir? Aquí me tenéis, teclas húmedas. Disfrutad de la alegoría. Este soy yo. El ser innecesario que huye. La liebre que tiene la esperanza de rehuir la felina visión de la pantera. Mátame de una vez. Hoy estoy demasiado cansado para correr. Mañana volveré a nacer, en el cuerpo de una pantera muerta devorada por algún ave carroñera.
Y así, el camino de piedras sigue, hasta que al final llega la noche, y yo sólo quiero escribir sobre lo que no siento. A mis musas les excita mi cuerpo tenso por el rigor mortis de la oscura tempestad que amaina cada mañana en mi pecho. Pues bien. Espero que el orgasmo sea satisfactorio. Aquí me tenéis. Otra de esas. ¿noches? ¿Días? Quién los cuenta. Eterna oscuridad, seis meses de noche y seis meses de puesta de sol… Y mientras haya lágrimas ahogadas en mi cuello, este pozo seguirá alimentando las cadenas que roen mis tobillos, hasta el hueso.
Gozad, musas. Adulto en la quincena, anciano cerca de la veintena, y cada día que pasa, más enfermo terminal que ayer.
Si algún día lees esto, y ya no soy yo, recuerda que da igual que nadie te quiera. El mundo es categórico y no nos quiere aquí. Pero me tienes a mi.
¿Por qué lloramos? Saciedad. Liberación. Quizá ambas. Quizá el grito es el túnel de salida de las penurias del corazón. Y, sin embargo, ¿qué es de aquellos acostumbrados a ver a sus lágrimas retenidas en la laringe? Los que nos acostumbramos a sufrir, no lloramos, ya no nos hace falta. O sí. Porque hoy he llorado. He llorado por ti, pero sobretodo por mi, por todas esas pequeñas gotas de pasión que vivieron mis noches abrazado a un peluche. Mi amigo. Quizás el único. El único que me entiende, porque es el único que ha sufrido mi caos, mi mente nublada por el esperpéntico camino de rosas espinadas y migas de pan.
Hoy no, Pulgarcito.
Es hipócrita vivir mi vida, cuando lo único que quieres es dormir. Es hipócrita ser yo, cuando sólo quieres ser otro. ¿No lo entendéis? No hace falta que nadie me golpee. Es mucho más duro que nadie te quiera querer como a veces necesitas que te quieran. El caso es que hoy lloro por alguien más, y sin embargo, no se quién es, porque ya no soy el del espejo.
¿Dónde estás, niño? ¿Dónde estás? ¿Qué fue de tus tardes en blanco, sin más, siendo? Te echo de menos. Me echo de menos y se que no puedo recuperarme. Porque el camino no está. Ahora, esto soy yo. Un pianista que compone mejor solo. Un ente vagando por, ¿qué más da qué cordillera? Esto es en lo que vosotros, furcias, me habéis convertido.
Oh, ahora no os escondáis. Me conocéis. Vosotros que sólo abandonabais mis ojos debajo de la almohada. Sí, aquí me tenéis, un cobarde vestido de valiente, un sádico disfrazado de sensato. Uno más… Creyéndose alguien, quizás, necesario. Y al final… Sólo somos las lágrimas que nunca dejamos caer, ¿verdad?
Enseñadme el túnel de salida. Por favor. Hoy necesito salir de aquí. Maldita luz, ¿dónde estás cuando te necesito? ¿Dónde están las musas cuándo dejo de escribir al dolor? ¿Os gusta verme sufrir? Aquí me tenéis, teclas húmedas. Disfrutad de la alegoría. Este soy yo. El ser innecesario que huye. La liebre que tiene la esperanza de rehuir la felina visión de la pantera. Mátame de una vez. Hoy estoy demasiado cansado para correr. Mañana volveré a nacer, en el cuerpo de una pantera muerta devorada por algún ave carroñera.
Y así, el camino de piedras sigue, hasta que al final llega la noche, y yo sólo quiero escribir sobre lo que no siento. A mis musas les excita mi cuerpo tenso por el rigor mortis de la oscura tempestad que amaina cada mañana en mi pecho. Pues bien. Espero que el orgasmo sea satisfactorio. Aquí me tenéis. Otra de esas. ¿noches? ¿Días? Quién los cuenta. Eterna oscuridad, seis meses de noche y seis meses de puesta de sol… Y mientras haya lágrimas ahogadas en mi cuello, este pozo seguirá alimentando las cadenas que roen mis tobillos, hasta el hueso.
Gozad, musas. Adulto en la quincena, anciano cerca de la veintena, y cada día que pasa, más enfermo terminal que ayer.
Si algún día lees esto, y ya no soy yo, recuerda que da igual que nadie te quiera. El mundo es categórico y no nos quiere aquí. Pero me tienes a mi.
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