Día I después del suceso.
Querido diario:
Y un día nací. Bueno, no estoy muy segura por aquello de cuando salimos al mundo estamos demasiado ocupados en aprender y no tenemos tiempo de memorizar. Ojalá toda la vida fuese así. El caso es que, al parecer, nací un día de principios de Mayo del año 2996. Ahora no recuerdo el día, diría que fue el tres, pero eso ahora no es relevante, pues después del Suceso, no creo que pudiera celebrar muchos cumpleaños más. En cambio, lo que recuerdo perfectamente es el mundo en donde nací. No era precisamente el idílico paraíso que Gonzalo de Berceo habría descrito allá por el siglo XV, o verdes laderas de los relatos fantásticos escandinavos, como Beowulf. No, más bien lo opuesto.
Hacia el año 2893 se exterminó el último reducto de la selva del Amazonas en busca del fluido, un nuevo tipo de combustible hallado por primera vez allí mismo hacia el año 2631. No quedaba ni tan sólo un vegetal libre en todo el planeta. Los ecosistemas terrestres poblados de vida se habían sustituido por enormes bloques de edificios y fábricas. Cómo es lógico, la gran mayoría de los animales se habían extinguido. De un siglo a otro, se habían perdido casi un setenta y cinco por ciento de las especies. El entorno acuoso estaba tan contaminado que pocos animales acuáticos habían podido subsistir. En lo que a terrestres se refiere, solo quedaban aquellas que habían conseguido adaptarse a vivir escondidos en callejones y en el sistema de alcantarillado de las ciudades. Y, bueno, también algunos especímenes de animales lo bastante bellos como para que los líderes los conservaran cual florero.
Pero no son las únicas extinciones. Tampoco queda ni tan sólo una molécula de oxígeno en la atmósfera terrestre. Este se fabrica de forma sintética en factorías a través de plantas artificiales y luego se distribuye a la población por un ‘módico precio’. Con el ozono ocurre lo mismo. Este se libera a la atmósfera para evitar la radiación, pero cada comunidad tiene que pagar por recibir esa cúpula contra el Sol. O, dicho de otro modo, ahora pagamos por vivir, por el mero hecho de respirar. El sueldo de los trabajadores se limita exclusivamente a pagar su vida. El machismo laboral se ha erradicado, al fin y al cabo, las mujeres también necesitamos respirar. Los niños trabajaban desde los doce años en empleos destinados a erradicar su creatividad y buscando su efectividad laboral.
Otra cosa interesante del mundo en el que nací es que, bueno, ya no existen los países. Una gran y completa globalización se cierne ahora sobre los cinco continentes. A la cúpula del Gobierno Mundial no le interesa en absoluto que haya disputas entre territorios, a ellos sólo les interesa tener un ejército de marionetas trabajadoras y palurdas que los hagan de oro.
Esto implicó la desaparición de la escuela, de la enseñanza. Solo unos pocos conocimientos destinados al mundo laboral. Ellos lo controlan todo desde la Sede Central, desde sus cómodos asientos de piel donde mueven los hilos de las comunidades de trabajadores. Allí sonríen al ver las espaldas torcidas de los mineros extrayendo fluido mientras degustan su comida. Cuántas veces soñé que a alguno de ellos le sentara mal el marisco. Porque, he aquí otra cuestión, nuestro alimentos son totalmente artificiales, mientras ellos tienen reservas de carne y comida natural para ellos y cien generaciones más de bastardos.
Si alguien lee esto algún día, sabed que todo es culpa del fluido. Sus descubridores se hicieron con las fuentes de este material cuando aún se usaban combustibles fósiles. Muy acertadamente, todo sea dicho, pues nadie creía necesitarlo. Y luego se apoderaron del mundo del mismo modo en el que se apoderaron del material. Ojalá pudiera contaros más cosas del fluido, pero el Gobierno Mundial ha ocultado toda la información sobre él. Nadie sabe si es un mineral, un fósil o una roca. Los ciudadanos sólo sabemos dos cosas sobre este tema: uno; que su extracción es complicada, pues se encuentra en una parte muy interna del manto, y dos; que en estado sólido se puede usar para la construcción, en estado líquido como combustible, y como gas, posee una gran cantidad de nitratos muy fáciles de fijar para los vegetales sintéticos, lo que acelera su producción de oxígeno. Pero no sabemos el resto. No sabemos si es radiactivo o dañino del algún modo para nosotros, no sabemos que más usos tiene, ni su composición. Ni nada. Los únicos que conocen algo más concreto acerca del material son los biólogos pertenecientes a la cúpula del Gobierno Mundial, que tienen prohibido hablar de este tema, posiblemente bajo amenaza de muerte.
Pero sí. Yo nací en esa época, lejos de las cuerdas de la guitarra de Jimi Hendrix, de los versos de Neruda, la prosa de Michael Ende, y los cuadros de Picasso. Ah, por cierto, el arte está muerto, extinto. Al Gobierno Mundial le parecía poco efectivo. Poco productivo. Valiente atajo de ratas ignorantes. Por suerte, mi madre conserva muchas obras literarias del siglo pasado y principios de este, así como fotografías de diversos cuadros y discos de música. Quizás sea una de las pocas que quedan en este mundo que recuerda que hay algo más por encima de un cheque a final de mes que me permite respirar. Siempre me he creído distinta, no excepcional, pero contraria a todo lo que me quieren ofrecer, Pero por mucho que lo piense, eso no evita que todos los días deba madrugar para ir a clasificar ficheros de extracciones de fluido a unas oficinas de mala muerte en el centro de la ciudad.
Y así era mi mundo, así era hasta el día de ayer.
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