Querido diario:
Hace dos días me quedé sin tinta en el bolígrafo. Pensé que no podría volver a plasmar lo que pienso. Por suerte, me seguí moviendo con rapidez por la desértica ciudad, sin ser descubierta. De este modo llegué a un centro comercial. Pensé que lo habrían invadido. Pero no. Sólo había unos cuantos, y estaban bastante disgregados. Cogí un par de mochilas y las llené de comida que parecía en buen estado. Encontré algunas herramientas, como una hoz pequeña y un martillo. Las cogí por si me servían para defenderme. No las llené demasiado, por si había que correr. También robé algunos analgésicos de la farmacia y un par de mudas limpias. No se por qué digo robar, todo esto ya no lo necesitará nadie. También encontré un par de bolígrafos. Ahora estoy escribiendo con uno de ellos. Pero creo que no fue eso lo más útil del viaje. Me encontré con un chico llamado Drägan. Creo que se escribe así. Es la primera persona con la que hablo en cuatro días. Por suerte o por desgracia, estaba desquiciado. Me contó que pertenecía a la cúpula de bioingenieros de la sede del Gobierno Mundial, pero que tenía un rango demasiado bajo como para que estos le llevaran con él cuando escaparon después del Suceso. Me enseñó sus autentificaciones como tal, incluso. Se suicidó. No pudo aguantar más. Pero antes de tirarse por la ventana sin que yo pudiese hacer nada y cayese sobre el capó de un coche haciendo sonar la la alarma de este y atrayendo a una gran cantidad de ellos, me contó algo muy interesante. Pero eso lo escribo mañana. Ahora he de moverme y salir rápido de aquí.
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